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Una noche romántica por La Candelaria (Plaza Capital)

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Una noche romántica por La Candelaria
 
Mientras Susana Rey, una joven psicóloga de 23 años, ideaba los últimos detalles de su sorpresa, Alejandro Torres, su esposo, no sospechaba lo que sucedería. Era sábado, la oscuridad inevitablemente invadía la ciudad, el vaivén de los sonidos no cesaba, la tristeza era refugio para algunos y la alegría una especie de amante para otros. Sin embargo, para esta pareja era un instante mágico y especial: su primer aniversario de bodas no podía pasar desapercibido.

La noche fue cómplice nuevamente de una historia de amor y La Candelaria el escenario perfecto para este encuentro. La localidad más pequeña y antigua de Bogotá, pero quizás la más enigmática y mística, se convertía en aquel momento en inspiradora de sueños e ilusiones y en el lugar ideal para retomar el pasado y revivir el presente. Susana así lo entendió. Su plan consistía en sorprender a su pareja con una velada inolvidable y que mejor opción que con una noche romántica por el centro histórico.

Sin embargo, Susana tenía algunos aliados para esta misión. Hace más de cuatro años, la Empresa Turística y Cultural Candelaria viene ofreciendo a colombianos y extranjeros distintas alternativas para promocionar y comercializar la oferta turística de la localidad 17 del Distrito Capital. “Una noche romántica”, es una iniciativa que pretende retomar elementos de antaño para ofrecer a los enamorados una velada acompañada de coches antiguos, una cena, un violinista, una habitación decorada, un recuento de los más inusitados episodios de amor y un recorrido con un guía por algunas calles y lugares importantes del sector.

Según Edilberto Guerrero, gerente de la empresa, “la idea es promover un turismo romántico y de época y lograr que la pareja se sienta cómoda. Cada vez buscamos nuevos detalles para que todo sea más íntimo”. Es un espacio para aflorar todo tipo de sentimientos y lograr retornar al pasado a través de la arquitectura colonial y republicana. Además, de resaltar las hazañas de algunos héroes que libraron batallas por el país desde que los españoles se asentaron por primera vez en el Chorro de Quevedo.

Desde la avenida Jiménez de Quesada, pasando por el Museo Botero y la Plaza de Bolívar, las historias de amor, anécdotas y leyendas del centro histórico, a bordo de un carro clásico de los años 50 son un aliciente para compartir las otras sorpresas que depara la noche. Un espacio dedicado al romance, en el cual la noción del tiempo suele ser olvidada.
 
Este es uno de los espacios de la casa colonial, en donde la pareja toman su primera copa de vino. Foto: tomada de Empresa Turística y Cultural Candelaria/Cortesía: Plaza Capital.
 
Más de aquella noche…

Eran aproximadamente las ocho de la noche y Susana esperaba ansiosa y con detenimiento aquel coche que los iría a recoger a su casa, en el barrio Niza Córdoba al noroccidente de la ciudad. Alejandro estaba inquieto y anhelaba conocer su destino. De repente, un señor con un traje algo inusual golpeaba su puerta y les indicaba que subiesen a un auto de los años 50. Era el chofer que representaba a un cachaco bogotano de aquella década e iba vestido con un traje de paño, un chaleco raya, pisa corbatas, zapatos chiripeados, un sombrero y un pañuelo.

Desde aquel instante partieron hacia La Candelaria y empezó un recorrido que reunió la magia del amor, el romanticismo y la historia. Una cita que evocaba la época de 1850 a 1950, en la cual se desarrollaron grandes sucesos para el país, pero también grandes idilios de amor. Las calles les hacían percibir a estos enamorados un ambiente de enajenamiento por el lugar. La Carrera Séptima que era llamada en épocas coloniales “la calle real” por considerarse un espacio idóneo para las relaciones económicas, culturales y sociales, fue una de las principales rutas recorridas durante la noche.

Una casa colonial restaurada, en la calle 10 con carrera 0, fue el primer destino de estos jóvenes enamorados. Una sala, un balcón con elementos según la usanza de la época y antigüedades fueron testigos de la primera botella de vino que engalanaba la escena y que estaba marcada con sus nombres. Cuadros con ilustraciones y algunas fotos acompañaron los primeros recuerdos. “Fue amor a primera vista, nos conocimos cuando yo estaba realizando mi práctica profesional en una oficina y él trabajaba allí. Nuestro matrimonio fue una ceremonia familiar, pero muy emotiva”, recuerda Susana.

Alejandro, entre tanto, no ocultaba su encanto. Este ingeniero de 25 años y egresado de la Universidad de los Andes, se mostraba complacido con la celebración. Sin embargo, aún faltaba algo, un pequeño recorrido y una cena que estaría enmarcada por el relato de aventuras amorosas como la de Simón Bolívar y Manuelita Sáenz. Un episodio con épico final.
 
El recorrido está guiado por un guía que narra historias de amor durante 40 minutos.Foto: tomada de Empresa Turistíca y Cultural Candelaria/Cortesía: Plaza Capital.
 
Durante el paseo, la Casa de la Independencia, una construcción de la época colonial de mitad del siglo XVII, situada en la calle 10 N° 3-61, no pasó desapercibida, pues en este lugar se firmó el Acta de la Independencia en 1810. La casa cuenta con treinta y cinco habitaciones y cuatro patios. Es recordada, además, porque en el acta no reposa la firma de José Antuñez, un conspirador que luchó contra los españoles y que también fue protagonista de una historia de aventura y pasióncon una bella española durante la última mitad del siglo XVIII.

Las casas republicanas, eran otro atractivo indiscutible. Cuentan con más de milmetros cuadrados y en sus tres patios se evidencian las actividades de la época. “En el primer patio, el señor de la casa atendía y se hacían los negocios, en el segundo patio la señora se sentaban a leer y a cantar, y en el último patio se encontraban la servidumbre y los niños jugando. En esa época la cultura estaba en las mujeres”, narró Edilberto Guerrero, el encargado de la velada.

La iglesia de La Candelaria también fue observada unos cortos minutos por la pareja. Es uno de los mejores templos coloniales de la ciudad, se conserva en la calle 11 con carrera 4. Su primera edificación fue demolida por faltar a los compromisos legales de la época, en especial por no tener permisos reales. En 1686 se iniciaron nuevos trabajos con la dirección del arquitecto don Diego Sánchez de Montemayo.

El recorrido no superó los cuarenta y cinco minutos, sin embargo, fue suficiente para detallar grosso modo la localidad que alberga el mayor número de iglesias coloniales y las edificaciones más antiguas como la Casa del Marqués de San Jorge, el Teatro Colón y el Capitolio Nacional. No fueron pocas las razones por las que en 1963 el gobierno declaró a La Candelaria Monumento Nacional.
 
Para cerrar la noche, se entrega un poema o una carta de amor a la pareja. Foto: tomada de Empresa Turística y Cultural Candelaria/Cortesía:Plaza Capital.
 
¿Y el final?

Estaban a pocos metros de su destino final. El Bistro de La Candelaria, un restaurante de comida contemporánea ubicado en la calle 12 con carrera 2, se convirtió en el lugar de despedida. Mientras cenaban espagueti con frutos del mar al curry, una mujer descendió de unas cortas escaleras. Llevaba en sus manos un violín con el que interpretó seis melodías que suscitaron un sentimiento de nostalgia. Las lágrimas los acompañaron por un instante y las palabras parecían huir por la pequeña puerta del restaurante que en aquella noche despidió, nuevamente, a un par de enamorados.

“Lloramos varios minutos, él estaba de espaldas a las escaleras cuando ella bajó con su violín y le entregó un mensaje de amor, fue muy emocionante, muy bonito. Además, en la mesa había un poema de amor y el mesero nos llevó el menú con una fotografía de los dos y nuestros nombres”, aseguró Susana.

Alejandro se estremeció al observar que el menú estaba especialmente dirigido para él. Agradeció a su esposa este detalle y elogió cuán hermosa se veía en la fotografía. En el retrato el cabello de Susana desenterró la historia narrada unos minutos antes sobre una mujer muy hermosa que vivió cerca de la Iglesia de las Aguas y que procuraba cuidar su hermoso cabello con cualquier tipo de productos. Los señores rondaban el lugar para observarla. Un día, uno de ellos comparó su cabello con el de la virgen María y ella lo negó afirmando que el suyo era más hermoso. Desde entonces su cabello comenzó a emanar olores desagradables y se empezó a deteriorar.

Luego de aproximadamente dos horas y media la velada culminó. Fue mágica y reservada. No disfrutaron de la siguiente sorpresa de la noche, una habitación con baño privado, decorada con pétalos de rosas y velas, tal vez por la preocupación que les ocasionaba saber que su hijo de cuatro meses aguardaba un poco enfermo en su casa. Aún así, sus rostros reflejaban serenidad y regocijo. Partieron pensando, seguramente, que aquella noche fue una compañera incesante de su amor y La Candelaria un lugar ideal para revivirlo.

Sharon Pauline Ramírez Santamaría
Plaza Capital

 
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